¿La rectitud viene por la obediencia a la ley o por la Gracia del Señor?

Por Richard Rosado

Antes de apresurarse a contestar por inercia, es preciso que pensemos muy bien en la pregunta para meditar de una mejor manera en la respuesta. No voy a dar mi opinión cerrada; sin embargo, los invito a escudriñar una cadena de versículos del Libro de Mormón, a buscar pasajes similares y a dar su apreciación con sentido común, humildad y respeto.

El objetivo de este espacio no es encontrar una respuesta simplista, sino profundizar en la naturaleza de nuestra relación con lo divino.


Entendiendo los Principios

Para abordar esta pregunta con seriedad, debemos primero despejar el significado de los tres pilares que la sostienen:

  • Rectitud: No es solo la ausencia de pecado, sino un estado de alineación con la voluntad y el carácter de Dios. Es "ser" recto en esencia, no solo "actuar" correctamente por fuera.

  • Obediencia: Es el acto de seguir las leyes y mandamientos divinos. A menudo se ve como nuestra contribución al convenio, la manifestación externa de nuestra voluntad de seguir a Dios.

  • Gracia: Es el poder divino o la ayuda que se nos da a través de la misericordia y el amor de Jesucristo. No es solo el perdón después de pecar, sino el "poder habilitador" que nos permite hacer el bien y mejorar.


    Análisis de las Escrituras

     A continuación, analizaremos algunos versículos clave bajo la luz  de nuestra pregunta inicial:

    La fuente de la transformación

Mormón 2:12: "Y sucedió que cuando yo, Mormón, vi sus lamentos, y sus llantos, y su dolor delante del Señor, mi corazón empezó a regocijarse dentro de mí, conociendo las misericordias y la longanimidad del Señor, por tanto, suponiendo, por tanto, que él sería misericordioso con ellos para que volvieran a ser un pueblo justo."

  • Este versículo es muy interesante, desde que lo leí bajo la perspectiva de esta pregunta en el 2003 me llamo mucho la atencion aquí Mormón observa que para volver a ser un "pueblo justo" (recto), el factor determinante no es solo el lamento del pueblo, sino las "misericordias y longanimidad del Señor". Sugiere que la rectitud es un estado que se recupera gracias a la disposición de Dios.

     El origen de toda inclinación al bien

Éter 4:12: "Y cualquier cosa que persuada a los hombres a hacer lo bueno, viene de mí; porque el bien de nadie procede, sino de mí. Yo soy el mismo que conduce a los hombres a todo lo bueno; el que no crea mis palabras, tampoco me creerá a mí, que yo soy; y  aquel que no me crea, no creerá al Padre que me envió. Porque he aquí, yo soy el Padre, yo soy la luz, y la vida, y la verdad del mundo."

  • Aquí el Señor reclama la autoría de toda rectitud. Si alguien hace algo bueno (obedece), ese impulso "de Él viene". Esto plantea si nuestra obediencia es una causa de la rectitud o un efecto de la Luz de Cristo actuando en nosotros.

        El fin de la persuasión divina

Éter 8:26: "Por lo tanto, se me manda a mi, Moroni, escribir  estas cosas, para que sea destruido  el mal, y que llegue el tiempo en que Satanás no tenga más poder en el corazón de los hijos de los hombres, sino que estos sean persuadidos a hacer el bien constantemente, a fin de que vengan a la fuente de toda rectitud y sean salvos."

  • La meta es ser "persuadidos a hacer el bien continuamente". Moroni identifica a Cristo como la "fuente de toda justicia". La rectitud parece ser el resultado de "venir a la fuente" más que de un esfuerzo aislado de la voluntad humana.

       La Gracia que precede al cambio

Mosíah 27:14: "Y dijo además el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe."

  • En el caso de Alma hijo, la rectitud no comenzó con su obediencia (él estaba luchando contra la Iglesia), sino con una intervención de Gracia pura motivada por la fe de otros. La Gracia proporcionó la oportunidad para que la obediencia naciera.

       La Fuente de toda rectitud

Éter 12:28: "He aquí, mostratré a los gentiles su debilidad, y les mostraré que la fe, la esperanza y la caridad conducen a mi, la fuente de toda rectitud." Éter 12:36: "Y sucedió que  le imploré  al Señor que diera gracia a los gentiles, para que tuvieran caridad."

  • Moroni ruega específicamente por "Gracia" para que los hombres puedan tener "Caridad". Si la caridad es el atributo supremo de la rectitud, y Moroni dice que se requiere Gracia para obtenerla, la respuesta a nuestra pregunta empieza a inclinarse hacia una dependencia total del Señor.

       La inspiración como motor

Moroni 7:12-13: "Por consiguiente, todo lo que es bueno viene de Dios; y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios y lucha contra el continuamente e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar.       Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que, todo lo que invita e impele a hacer lo bueno, y a amar a Dios, y a servirle, es inspirado por Dios."

  • El texto utiliza palabras firmes: "invita e induce". La rectitud no es solo cumplir un código, es responder a un impulso divino que quiza venga por medio de la Luz de Cristo. La obediencia es la respuesta al dejarse "inducir" por Dios.

       El mecanismo de la fe y la dádiva

Moroni 7:24: "Y he aqui, de diversos modos manifestó cosas que eran buenas a los hijos de los hombres; y todas las cosas que son buenas vienen de Cristo; de lo contrario, los hombres se hallaban caidos, y ninguna cosa buene podia llegar a ellos."  Moroni 10:18: "Y quisiera exhortaros, mis amados hermanos, a que tengais presente que toda buena dádiva viene de Cristo."

  • Todo lo bueno es una "dádiva" (regalo). Al "aferrarse a todo lo bueno" (obedecer), el hombre simplemente está aceptando el regalo que la Gracia de Cristo ha puesto a su alcance.


Perspectiva de Autoridades Generales

Para profundizar en la búsqueda de una respuesta, es valioso considerar lo que líderes  han enseñado sobre este equilibrio.

El Élder Dieter F. Uchtdorf: La Gracia como motor

En su mensaje "El don de la gracia", el Élder Uchtdorf aborda directamente si la rectitud es un pago por la obediencia:

El utiliza una imagen poderosa: "Nuestra obediencia a los mandamientos de Dios es el resultado del amor y la gratitud por Su bondad". Él enseña que:

"La gracia de Dios no es un depósito de reserva que se nos concede para completar lo que nos falte después de haber hecho todo lo que podamos... Su gracia es un don gratuito, no algo que se gane con el sudor de nuestra frente".

  • La rectitud no es el sueldo que recibes por obedecer; la rectitud es el estado de quien ha decidido extender la mano para recibir el regalo. La obediencia es el gesto de abrir la mano, no el dinero que hay en ella.

Élder David A. Bednar: El Poder Habilitador

El Élder Bednar enfatiza que la Gracia no es solo para cuando fallamos, sino para cuando intentamos ser rectos:

"La mayoría de nosotros entiende que la Gracia es para los pecadores, pero no estoy seguro de que entendamos que también es para los santos. Es el poder divino que nos permite hacer cosas que nunca podríamos hacer por nosotros mismos." 

Muchos miembros de la Iglesia se sienten agotados tratando de ser "perfectos" por su cuenta. La enseñanza del elder  Bednar es un recordatorio de que no estamos destinados a lograr la rectitud solo con fuerza de voluntad.

         Si solo buscamos la Gracia cuando pecamos, nos perdemos la            mayor parte de su potencial.

El poder habilitador no cambia lo que hacemos, sino lo que somos. Nos da paciencia donde no la tenemos, caridad por personas que nos cuesta amar y fortaleza en  pruebas físicas o emocionales.

Stephen E. Robinson: La Parábola de los Centavos

El erudito Stephen Robinson, en su libro "Creer en Cristo", explica que nuestra obediencia es como los pocos centavos que un niño ofrece para comprar una bicicleta cara. El padre pone el resto.

"La rectitud no viene de nuestra capacidad de cumplir perfectamente la ley, sino de nuestra unión con Cristo a través del convenio. Él es el único que es recto; nosotros nos volvemos rectos al estar en Él."


Una invitación a la meditación profunda

Después de este recorrido, la pregunta inicial adquiere una dimensión nueva. Si la rectitud fuera solo el resultado de nuestra obediencia a la ley, seríamos nuestros propios salvadores. Si fuera solo Gracia sin nuestra participación, el albedrío perdería su propósito.

Sin embargo, las Escrituras y las palabras de los profetas parecen susurrarnos una verdad más profunda: La rectitud es un don de la Gracia que se activa y se manifiesta a través de nuestra disposición a obedecer. La obediencia no es el origen de la rectitud, sino el recipiente donde la Gracia de Dios se deposita.

Los invito a no apresurarse. No busquen una respuesta para "ganar un argumento". Mediten en su propia vida: ¿Cuántas veces han logrado ser rectos por pura fuerza de voluntad? ¿Y cuántas veces han sentido que su capacidad de amar, perdonar o servir vino de una fuente que no era la suya?

Que esta reflexión nos lleve a caminar con más humildad, reconociendo que cada acto de rectitud es, en última instancia, una "buena dádiva" que viene de Cristo.


¿Qué impresión ha dejado en tu corazón este estudio? ¿Sientes que la obediencia es el precio o es el resultado? Me encantaría leer tus reflexiones en los comentarios.

Comentarios

  1. En base a lo que he leído tengo estas refelxiones, La fuente es Dios (Gracia como origen): “Todo lo que persuade a hacer lo bueno, viene de mí” (Éter 4:12). Cristo es “la fuente de toda rectitud” (Éter 8:26; 12:28). Estos textos no presentan la rectitud como un producto autónomo de nuestra fuerza de voluntad, sino como un don y un poder habilitador que precede y posibilita cualquier acto verdaderamente bueno.

    La obediencia como respuesta (y evidencia): Moroni enseña que lo que invita e impele a hacer el bien es inspirado por Dios (Moroni 7:12–13). Cuando obedecemos, respondemos a esa inducción divina. En el caso de Alma hijo (Mosíah 27:14), la intervención de gracia abrió la puerta para que luego naciera la obediencia. La cronología importa: primero la Gracia, después la transformación que se expresa como obediencia.

    La caridad (culmen de la rectitud) requiere Gracia: Moroni ruega Gracia para que los gentiles tengan caridad (Éter 12:36). Si la caridad—el atributo supremo—no se “produce” solo obedeciendo, sino que se recibe y se desarrolla por Gracia, entonces la rectitud en su máxima expresión tampoco tiene su origen en el cumplimiento externo de la ley, sino en la vida de Cristo en nosotros.

    Cooperación del convenio (fe que actúa): El famoso equilibrio de 2 Nefi 25:23 (“por la gracia somos salvos, después de todo lo que podamos hacer”) no enseña que la obediencia “compra” la rectitud, sino que la fe obediente es la forma del convenio mediante la cual accedemos y permanecemos en la Gracia. La obediencia no es precio, es puerta abierta y permanencia.

    Orar y confiar antes de actuar: Pedir Gracia habilitadora específica (paciencia, caridad, fortaleza), antes de intentar obedecer en áreas difíciles.

    Obedecer como acto de gratitud: Ver cada mandamiento como una oportunidad de cooperar con la obra que Dios ya inició en ti.

    Medir progreso por fruto, no por perfeccionismo: Buscar señales de caridad, esperanza, mansedumbre, más que listas de logros.

    Ciclo diario: Palabra (Escrituras), Oración (dependencia), Convenio (sacramentos/compromisos), Servicio (fruto). Ese ciclo mantiene abierta la mano para recibir y manifestar la Gracia.

    Finalmente puedo decir que La rectitud no viene “por pagar” con obediencia; viene “por recibir” la Gracia del Señor. La obediencia no es el origen de la rectitud, sino su resultado natural, su evidencia y el canal por donde la Gracia sigue fluyendo en una vida de convenio.

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