Cuando un Símbolo se Convierte en Ídolo:
La lección de la serpiente de bronce para nuestros días
Por Richard Rosado
Todos
conocemos el relato de la serpiente de bronce que Moisés levantó en el
desierto. Este símbolo, sencillo pero profundo, apuntaba directamente al
Salvador. Quien miraba a la serpiente con fe, vivía (Números 21:8–9). El Libro
de Mormón enseña claramente que esta serpiente era un símbolo de Cristo (Alma
33:19–22).
Pero,
con el paso de los siglos, algo sorprendente ocurrió.
En
2 Reyes 18:4 se nos dice que el rey Ezequías destruyó la serpiente de bronce
porque los israelitas le quemaban incienso. Se le llamó Nehustán, es decir, “un pedazo de bronce”,
indicando que Ezequías quiso recalcar lo insignificante del objeto comparado
con el Dios verdadero. La serpiente de Bronce había dejado de ser un símbolo y
se había convertido en un ídolo. Lo que antes dirigía sus corazones hacia Dios,
ahora los alejaba de Él.
Con
esto en mente la pregunta inevitable es:
¿En
la actualidad que cosas pueden perder su simbología para nosotros y pasar a ser
un ídolo?
Para
responder esta pregunta vamos a considerar algunos aspectos:
Cuando
olvidamos el propósito del símbolo, lo transformamos en un sustituto de la
Deidad
Y
aunque este relato ocurrió hace miles de años, su mensaje es claro y sigue vigente
en la actualidad.
Hoy
en día la idolatría moderna es más sutil, y por lo tanto más peligrosa.
Hoy
no quemamos incienso a objetos antiguos, pero la idolatría sigue existiendo, solo
que disfrazada. No es tan visible como antes; es silenciosa, cómoda y, muchas
veces, parece “estar bien”.
La
idolatría moderna no empieza con una rebelión, sino con un desvío pequeño donde
un símbolo, una actividad o incluso una bendición del Señor empieza a ocupar el
lugar del Salvador.
A
continuación, repasaremos algunas de las cosas que pueden perder su significado
espiritual y convertirse en ídolos en nuestra vida cotidiana.
El templo
El Templo es un símbolo poderoso que puede vaciarse si olvidamos su propósito
El
templo es la Casa del Señor, pero incluso lo más sagrado puede perder su
significado si lo convertimos en rutina o en trofeo espiritual.
Puede
volverse un “Nehustán” cuando:
Medimos
espiritualidad por la frecuencia, no por la intencionalidad.
Vamos
por obligación social.
Hablamos
más del edificio que de los convenios.
El
templo debe apuntarnos a Cristo, no a la apariencia de espiritualidad.
El servicio en la Iglesia
La
obra del Señor es sagrada, pero el enfoque puede torcerse cuando se convierte
en un medio para obtener reconocimiento, influencia o status.
Algunos
ejemplos:
Apegarnos
más al llamamiento que al Señor que lo dio.
Servir
para ser vistos, no para edificar.
Cuando
las metas se convierten en números y no en almas salvadas
El
propósito del servicio siempre debe ser acercarnos y acercar a otros al Salvador.
La imagen de “ser un buen miembro”
A
veces, sin darnos cuenta, la cultura puede reemplazar a la conversión.
Esto
ocurre cuando:
Preferimos
parecer buenos antes que serlo.
Seguimos
normas culturales, pero descuidamos principios eternos.
Nos
preocupa más qué dirán los demás y no lo que piensa el Señor.
Cuando
la apariencia toma el lugar de la autenticidad, hemos creado un ídolo
silencioso.
El conocimiento del Evangelio
El
estudio es esencial, pero puede transformarse en orgullo si no tenemos cuidado.
Sucede
cuando:
Valoramos
más “saber” que “vivir”.
Usamos
las escrituras para ganar debates, no para edificar.
Pensamos
que el conocimiento nos hace superiores.
Todo
conocimiento del Evangelio debe dirigirnos a amar más a Cristo, no a sentirnos
más que otros.
La tecnología y las redes sociales
No
son malas en sí mismas, pero pueden tomar el lugar del Señor si:
Revisamos
el celular antes de orar.
Nuestro
valor depende de los “likes”.
Pasamos
más tiempo conectados a pantallas que conectados al Espíritu.
La
tecnología es una herramienta útil, pero nunca debe ocupar el espacio del Padre
Celestial en nuestro corazón.
El dinero, la estabilidad y los proyectos personales
A
veces justificamos estos desvíos porque “no son cosas malas”, pero pueden
convertirse en ídolos cuando:
Desplazan
las prioridades espirituales.
Confiamos
más en nuestras fuerzas que en el Señor.
Sacrificamos
convenios por comodidad temporal.
Recordemos
lo que enseñó el rey Benjamín:
“Tened
cuidado… para que no adoréis a Dios en vano” (Mosíah 4:30).
¿Cómo podemos evitar que un símbolo se convierta en
ídolo?
Tres principios prácticos:
1.
Recordar el propósito original
Pregúntate:
¿Esto me acerca a Cristo o lo está reemplazando?
2.
Renovar la intención del corazón
La
intención es lo que diferencia la adoración verdadera de la idolatría
disfrazada.
3.
Volver constantemente a Cristo
Él
es la Fuente. Todo símbolo, toda enseñanza, todo convenio, todo llamamiento
debe apuntar a Él.
4
recordar que ser testigos de Cristo en todo momento, en todo lugar, no
significa momentos de fe, sino que, es un estilo de vida.
La
lección de la serpiente de bronce es aun vigente:
Lo
espiritual se corrompe cuando olvidamos a Aquel a quien debía dirigirnos.
Que
podamos examinar nuestro corazón y reconocer si hay “Nehustanes” modernos
ocupando el lugar del Salvador. Y que, con humildad, fe y propósito, volvamos
siempre a Aquel que da vida al símbolo, significado al convenio y dirección a
nuestro camino: Jesucristo.
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