El Diezmo y la Ley de Consagración

 ¿Cómo se viven hoy?

Por Richard Rosado

A menudo escuchamos en nuestras reuniones que el diezmo es una "ley de preparación". Pero, ¿preparación para qué? Existe la idea errónea de que la Ley de Consagración es algo del pasado o del futuro lejano. La realidad es que ambas leyes están entrelazadas y son fundamentales para nuestro progreso espiritual actual.

1. El Fundamento Doctrinal: Un Corazón Dedicado

La Ley de Consagración se define como el acto de dedicar el tiempo, los talentos y los bienes propios a la Iglesia de Jesucristo para el cumplimiento de Sus propósitos. No es solo un programa económico; es un convenio espiritual.

El Élder D. Todd Christofferson enseñó:

"Consagrar es apartar algo como sagrado, dedicado a propósitos santos... La verdadera consagración es la entrega de uno mismo al Padre" (La bendición del convenio, Conferencia General, abril 2024).

Por su parte, el diezmo es el primer paso práctico en este camino. En Doctrina y Convenios 119:4, el Señor establece que el diezmo es el pago de "una décima parte de todo su interés anualmente". Esta ley no es un impuesto, sino una prueba de lealtad y una invitación a la fe.

2. La Conexión entre Ambas Leyes

Contrario a la creencia popular, el diezmo no reemplazó a la consagración. En cambio, el diezmo es una aplicación específica de la Ley de Consagración.

  • El Diezmo nos enseña a desprendernos de lo material y a confiar en las promesas de Malaquías 3:10: "Y probadme ahora en esto... si no os abriré las ventanas de los cielos".

  • La Consagración expande ese sacrificio a todo nuestro ser. Hoy la vivimos mediante las Ofrendas de Ayuno, el servicio en nuestros llamamientos y la ministración. Cada vez que servimos, estamos "consagrando" nuestro tiempo, el cual es un recurso tan valioso como el dinero.


3. Preguntas Frecuentes sobre el Diezmo

En las clases del cuórum y la Sociedad de Socorro suelen surgir dudas prácticas. Basándonos en el Manual General de la Iglesia y los principios de la Iglesia, aquí aclaramos algunas:

¿Debo pagar diezmo si me encuentro dinero o recibo un regalo inesperado? El principio es diezmar sobre nuestro "interés" o ingresos. Si un hallazgo o regalo se convierte en parte de tu patrimonio personal, es un aumento. El Manual de la Iglesia no da reglas minuciosas sobre esto, dejando la decisión a la conciencia del individuo en su relación con el Señor.

¿Cómo pago el diezmo de mi negocio propio? El diezmo se paga sobre la ganancia neta. Esto significa los ingresos totales del negocio menos los gastos de operación (renta, salarios de empleados, impuestos, insumos). Lo que queda como utilidad personal para el sustento del dueño es lo que se sujeta a la ley del diezmo.

¿Se paga diezmo sobre un préstamo que recibí? No. Un préstamo es una deuda, no un ingreso ni un aumento. Es dinero que debe devolverse. Sin embargo, si tú das prestado dinero a alguien y recibes intereses por ese préstamo, esos intereses sí se consideran un aumento y son sujetos a diezmo.

¿Es la Ley de Consagración algo que viviremos solo en el Milenio? No. Existe la idea errónea de que la Ley de Consagración fue "suspendida" o que es una meta lejana para un mundo perfecto. Sin embargo, los profetas modernos han aclarado que los convenios que hacemos en el templo incluyen vivir esta ley aquí y ahora. El cumplimiento de la ley del diezmo es, en realidad, nuestra capacitación básica; es el ejercicio que fortalece el "músculo espiritual" necesario para consagrar todo lo demás.

El Presidente Lorenzo Snow enseñó que el diezmo es la preparación esencial. Si no somos capaces de entregar una décima parte, ¿cómo estaríamos listos para entregar el cien por ciento? Al diezmar hoy, demostramos que nuestro corazón ya no pertenece a las cosas del mundo, sino al dador de todas las cosas (Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow).

La Consagración en el "Día a Día": Ejemplos Prácticos

Vivir la Ley de Consagración hoy no significa necesariamente entregar nuestras escrituras de propiedad, sino administrar lo que Dios nos ha dado (tiempo, dinero, talentos) para Sus fines. Aquí te mostramos cómo se ve en la vida cotidiana:

  • El Recurso del Tiempo: Consagras cuando decides no ver una hora de televisión para ir a visitar a un hermano que no ha asistido a las reuniones, o cuando sacrificas un sábado por la mañana para ayudar en una mudanza o en un proyecto de servicio comunitario.

    "He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta" (D&C 64:34).

  • El Uso de los Talentos: Si eres bueno con las finanzas y ayudas a un miembro de tu clase  a organizar su presupuesto; si sabes reparar cosas y lo haces por una viuda de la rama o barrio; o si usas tu facilidad de palabra para consolar a alguien en duelo, estás consagrando tus dones naturales al servicio de Dios.

  • La Administración de los Bienes (Más allá del 10%): La consagración se ve en la generosidad de tus Ofrendas de Ayuno. Mientras el diezmo es una ley fija, la ofrenda de ayuno es una oportunidad de consagrar voluntariamente el costo de las comidas no ingeridas (y más, si es posible) para eliminar el hambre en tu propia congregación.

  • La Actitud ante la Propiedad: Vivir la ley hoy significa reconocer que el auto que manejas, la casa donde vives y el salario que ganas son, en última instancia, del Señor. Cuando usas tu auto para llevar a los jóvenes a una actividad o tu casa para una noche de hogar con investigadores, estás aplicando principios de consagración.

¿Por qué es importante vivirla hoy?

El Élder Bruce R. McConkie explicó que la Ley de Consagración es necesaria para la exaltación. No es un interruptor que se encenderá cuando Cristo venga; es un carácter que debemos desarrollar ahora. Al vivirla, dejamos de ser "dueños" para convertirnos en "mayordomos".

"No hay nada que tengamos que no sea de Él. Él nos pide que se lo devolvamos para ayudar a edificar Su reino" (Véase La Ley de Consagración, Liahona).


El diezmo es el examen de ingreso; la consagración es el curso de toda una vida. No son leyes que compiten, sino que se complementan para convertirnos en los ciudadanos de Sion que el Señor necesita hoy
CaracterísticaLey del DiezmoLey de Consagración
NaturalezaEs un mandamiento con una medida específica (10%).Es un convenio de dedicación total (corazón, tiempo y bienes).
Enfoque PrincipalLa Honestidad y la obediencia básica a Dios.La Caridad y el desarrollo del carácter de Cristo.
Aplicación FinancieraEl pago de una décima parte de nuestros ingresos (interés anual).La Mayordomía: reconocer que todo lo que tenemos le pertenece al Señor.
Propósito InmediatoFinanciar la obra del Señor (templos, capillas, educación).Perfeccionar a los santos, cuidar al pobre y lograr la unidad ("ser uno").
Estado ActualEs el requisito mínimo para entrar al Templo.Se vive a través del servicio, ofrendas de ayuno y cumplimiento de convenios.
Promesa ClaveApertura de las "ventanas de los cielos" (protección y bendición).La Exaltación y el vivir "según el orden de Enoc".

Las Conexiones: El Puente entre lo Terrenal y lo Celestial

Aunque parecen leyes distintas, en la práctica son partes de un mismo continuo. A continuación te detallo cómo se conectan:

  1. La Preparación y la Plenitud: Como aprendimos de Lorenzo Snow, el diezmo es la "escuela" de la consagración. No se puede vivir lo más (entregarlo todo) sin antes ser fieles en lo menos (el diez por ciento). El diezmo nos quita el amor al dinero, preparándonos para amar a las personas a través de la consagración.

    • "El que es fiel en lo muy poco, también en lo mucho es fiel" (Lucas 16:10).

  2. El Concepto de Mayordomía: Ambas leyes parten del principio de que Dios es el dueño de todo. En el diezmo, le devolvemos el 10% para reconocer Su soberanía. En la consagración, usamos el otro 90% como "mayordomos" responsables para cuidar a nuestra familia y ayudar al prójimo.

    • "Yo, el Señor, os he hecho mayordomos sobre las bendiciones terrenales" (DyC 104:13).

  3. El Sacrificio como Común Denominador: Ambas requieren un sacrificio que vence el egoísmo natural. El diezmo sacrifica el poder adquisitivo; la consagración sacrifica el orgullo y el tiempo personal. Sin sacrificio, ninguna de las dos leyes puede generar poder espiritual.

  4. El Bienestar de la Iglesia: El diezmo construye el edificio (el templo), pero la consagración es lo que sucede dentro de él y en las comunidades. El diezmo provee los recursos, pero la consagración (a través de las Ofrendas de Ayuno y el servicio) es lo que asegura que "no haya pobres entre ellos" (Moisés 7:18).

En Resumen: Hoy no entregamos nuestras escrituras de propiedad al obispo como en 1830, pero vivimos ambas leyes de la siguiente manera:

  1. El Diezmo como Disciplina: Es el entrenamiento básico para el desapego material.

  2. Ofrendas de Ayuno: Es una aplicación directa de la consagración para el bienestar de los necesitados.

  3. Consagración de Tiempo: Cada vez que ministras, sirves en el templo o cumples con un llamamiento, estás viviendo la Ley de Consagración. Estás entregando algo que no se puede recuperar: tu tiempo.

"No vivimos la Ley de Consagración solo cuando damos dinero, sino cuando nuestro corazón está dedicado a los propósitos de Dios".

El Ayuno: ¿Entrenamiento para la eternidad o poder para hoy?

Ya que hemos tocado el tema del ayuno haremos algunas alcraciones al respecto. Algunas personas creen que ayunamos para que nuestro espiritu no ¨sufra¨ en el mundo de los espiritus. Someter el cuerpo al espíritu es el núcleo del ayuno, pero la idea de que ayunamos para "no sufrir hambre en el mundo de los espíritus" requiere una explicación más profunda.

1. El deseo y el "Hombre Natural"

Las personas que asi piensan, tienen un punto válido basado en las palabras de Amulek en el Libro de Mormón:

"Porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno" (Alma 34:34).

Si permitimos que nuestros apetitos (ya sea la comida, la cafeína o cualquier vicio) nos dominen por completo aquí, esos deseos e inclinaciones nos acompañarán. El "tormento" del que habla la escritura no es necesariamente hambre física, sino la esclavitud espiritual de desear algo que ya no se puede satisfacer del mismo modo. El ayuno nos enseña que nosotros mandamos sobre el cuerpo, y no al revés.

2. El ayuno como "Instrumento de Refinamiento"

El propósito del ayuno no es simplemente "aguantar hambre". El Élder Joseph B. Wirthlin enseñó que:

"El ayuno, cuando va acompañado de la oración, tiene el potencial de darnos un poder espiritual que trasciende nuestras capacidades naturales".

No ayunamos para acostumbrarnos a la carencia, sino para llenarnos de otra fuente. Al decir "no" a la comida (una necesidad física legítima), le decimos "sí" al Espíritu. Es un ejercicio de albedrío superior.

3. La diferencia entre hambre y vicio

Es vital aclarar un punto: comer es una función biológica divina y necesaria; los vicios no lo son.

  • En la resurrección, nuestros cuerpos serán perfectos. No seremos esclavos de punzadas de hambre dolorosas, pero sí conservaremos la disciplina mental y espiritual que hayamos cultivado.

  • El ayuno nos ayuda a que, cuando estemos en el mundo de los espíritus, nuestra felicidad no dependa de lo físico, sino de nuestra cercanía con Dios.

Ayunamos no porque comer sea malo, sino porque la autosuficiencia espiritual es mejor. El ayuno es el gimnasio del espíritu; cada hora que pasamos con hambre pero en oración, estamos fortaleciendo el músculo del dominio propio que necesitaremos por toda la eternidad.

Nota aclaratoria: El Señor no quiere que suframos, quiere que seamos libres. El ayuno no es un castigo preventivo, es la llave que abre la puerta a una voluntad inquebrantable. 

Conclusión

El diezmo no se trata de billetes y monedas, sino de prioridades. En Mateo 6:21, el Salvador nos recordó: "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". Al pagar el diezmo y esforzarnos por consagrar nuestra vida, estamos declarando que nuestro tesoro no es lo que acumulamos, sino en Quién confiamos.

La Ley de Consagración es el estándar celestial de amor y unidad. No necesitamos esperar a un cambio en las leyes civiles para vivirla; podemos empezar hoy siendo generosos con nuestro tiempo y estrictos con nuestra integridad financiera.


Te invito a que esta semana, al preparar tu diezmo o al servir en tu llamamiento, no lo veas como una obligación administrativa. Hazlo con una oración de gratitud, preguntándole al Padre: "Señor, ¿qué más puedo consagrar hoy para ayudar a Tus hijos?". Al hacerlo, descubrirás que las ventanas de los cielos no solo se abren para darte bendiciones económicas, sino una paz que sobrepasa todo entendimiento.


Bibliografía sugerida para estudio profundo:

  • Doctrina y Convenios, Sección 119 y 42.

  • Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Capítulo 34.

  • Christofferson, D. T. (2024). La bendición del convenio. Informe de la Conferencia General.

  • Hinckley, G. B. (1982). La Ley del Diezmo. Liahona.

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