¿Son las ordenanzas la bendición o el camino hacia ella?
Por Richard Rosado
A menudo, cuando caminamos por los pasillos alfombrados del templo o nos sentamos en el silencio de una sala de sellamiento, usamos la palabra "bendición" como un término general. Decimos: "Qué bendición es estar aquí" o "Espero recibir las bendiciones del templo".
Sin embargo, tras una asignación reciente en una actividad, una pregunta comenzó a dar vueltas en mi mente con una claridad inusual: ¿Es la ordenanza en sí misma la bendición, o es la ordenanza el vehículo que transporta la bendición a nuestra vida a través de la obediencia?
Esta distinción, aunque sutil, cambia por completo nuestra perspectiva al cruzar el umbral de la Casa del Señor. No se trata de semántica; se trata de entender la mecánica de la exaltación.
El Templo: Un ecosistema de promesas
Para comprender esto, debemos mirar el templo no como un destino, sino como un ecosistema sagrado donde diferentes elementos se entrelazan.
1. El Acceso: La bendición de la preparación
Antes de la ordenanza, está el privilegio. El simple hecho de poseer una recomendación para el templo es una bendición de "alineación". Significa que nuestra vida está en armonía con la voluntad del Padre. El Señor prometió en Doctrina y Convenios 97:15-16:
"Y si mi pueblo me edifica una casa en el nombre del Señor, y no permite que entre en ella ninguna cosa inmunda... mi gloria descansará sobre ella... y mi presencia estará allí".
El acceso es la bendición de estar en Su presencia. Es el refugio contra la tormenta antes de que se pronuncie una sola palabra de la ordenanza.
2. La Ordenanza: La llave que abre el poder
La doctrina es clara: la ordenanza es el acto formal, pero su propósito es desbloquear el poder. El Élder David A. Bednar enseñó de manera magistral:
"Las ordenanzas del sacerdocio son el canal a través del cual el poder de la divinidad se manifiesta en nuestra vida" (Cfr. "Poseer honrosamente un nombre y una posición", Conferencia General, abril 2009).
Aquí está la distinción delgada: La ordenanza es la invitación legal a que Dios intervenga en nuestra historia personal. Como se declara en Doctrina y Convenios 84:20: "En sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad". Sin el acto formal, el poder no tiene una vía de acceso autorizada a nuestra vida eterna.
3. El Convenio y sus Frutos: La bendición realizada
Si la ordenanza es la "llave", la bendición es lo que encontramos detrás de la puerta. La bendición no es un pago por hacer la ordenanza; es el fruto natural de vivir el convenio que la ordenanza inició.
Anatomía de nuestra experiencia en el Templo
Para visualizar esta diferencia, podemos desglosarlo de la siguiente manera:
| Elemento | Naturaleza | Función en tu vida |
| Acceso / Dignidad | Una Bendición de Estado | Te coloca en el lugar correcto para escuchar al Espíritu. |
| La Ordenanza | Un Acto del Sacerdocio | Establece el marco legal y eterno de tu promesa con Dios. |
| La Bendición | Un Don del Espíritu | Es el poder, la paz y la guía que recibes después por tu fidelidad. |
Una distinción que transforma la adoración
Si creemos que la ordenanza es la bendición final, corremos el riesgo de ver el templo como una lista de tareas: "Ya me investí, ya recibí la bendición".
Pero si entendemos que la ordenanza es el comienzo de un flujo de poder, entonces el templo se convierte en un generador constante. El Presidente Russell M. Nelson ha sido enfático en esto al decir:
"Todo lo que se enseña en el templo... aumenta nuestra comprensión de Jesucristo. Sus ordenanzas esenciales nos ligan a Él mediante los convenios sagrados del sacerdocio. Entonces, al cumplir con nuestros convenios, Él nos dota de Su poder sanador y fortalecedor" ("El templo y el cimiento espiritual de ustedes", Conferencia General, octubre 2021).
La bendición no es solo el papel que recibes o las palabras que escuchas; es el poder sanador que te acompaña al salir a un mundo ruidoso y confuso.
El Vínculo Inquebrantable: Jesucristo en el Centro
Es vital que no veamos la ordenanza como un proceso mecánico, sino como un encuentro personal. Si la ordenanza es el canal y la bendición es el poder, Jesucristo es la fuente.
Cada convenio realizado en el templo es, en esencia, una manera de "revestirnos de Cristo" (Gálatas 3:27). No recibimos poder en abstracto; recibimos Su poder. El Élder Jeffrey R. Holland nos recordó que:
"Todo en el templo, desde los cimientos hasta las agujas, desde el bautisterio hasta la sala celestial, tiene el propósito de dirigir nuestra vista hacia el Salvador y Su sacrificio expiatorio" (Cfr. "El Templo y nuestra búsqueda de la santidad").
Cuando entendemos que la ordenanza nos liga directamente a Él, la distinción entre el rito y la bendición se vuelve clara: la ordenanza es el abrazo formal de Dios, y la bendición es el calor de ese abrazo que te acompaña durante el resto de la semana. Al participar de las ordenanzas, no solo estamos cumpliendo un requisito legal del reino; estamos permitiendo que la Expiación de Jesucristo pase de ser una doctrina general a ser una fuerza activa y purificadora en nuestro ADN espiritual.
el Templo es una "Cebolla de Bendiciones":
Capa externa: La bendición de tener un templo cerca y ser dignos de entrar (Acceso).
Capa media: La bendición de recibir el conocimiento y las promesas (Ordenanza).
Núcleo: La bendición de vivir una vida transformada por ese poder (Frutos).
Conclusión: Una nueva mirada al entrar
Hermanos y hermanas, las ordenanzas son las joyas de la corona del evangelio, pero el resplandor que emiten es la bendición que ilumina nuestro hogar, nuestras decisiones y nuestro carácter. No son conceptos que debamos confundir, sino etapas de un mismo amor divino.
Mi invitación para ti es esta: La próxima vez que te prepares para asistir a la Casa del Señor, no vayas solo a "hacer una ordenanza". Ve buscando la bendición que esa ordenanza está diseñada para desbloquear. Mira más allá del rito y busca el poder.
Al cruzar esas puertas, hazlo con una nueva mira: la de alguien que no solo cumple con un deber, sino que reclama el derecho divino de ser investido con una fortaleza que no es de este mundo. El templo está abierto, la ordenanza está lista; la bendición espera por tu fidelidad.

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