La Palabra de Sabiduría: ¿Consejo o Mandamiento?

Por Richard Rosado

La historia de la revelación contenida en la Sección 89 de Doctrina y Convenios es bien conocida por todos los Santos de los Últimos Días. Sin embargo, al profundizar en los registros históricos, surge una narrativa más compleja sobre cómo esta pasó de ser un simple "consejo" a un mandamiento obligatorio. En sus inicios, la observancia era la excepción y no la regla, y el entendimiento del principio se basaba más en la moderación que en la abstinencia total.

La moderación en los días de José Smith

Durante la época del Profeta José Smith, el tabaco y el alcohol no se veían con el estigma actual. Un ejemplo revelador ocurre el día de su martirio en la cárcel de Carthage. Según el manuscrito original de  History of the Church, José envió al hermano Markham a buscar "una pipa y algo de tabaco" para asentar el estómago del doctor Richards. Curiosamente, versiones posteriores editadas por historiadores como B.H. Roberts cambiaron estas palabras por "medicina", intentando suavizar una realidad que para el Profeta no era un pecado: el uso de estas sustancias con fines medicinales o bajo un criterio de moderación.

El enigma de la Conferencia de 1851

A menudo se cita la Conferencia General de septiembre de 1851 como el punto de inflexión donde la Palabra de Sabiduría se convirtió en mandamiento. No obstante, los registros contemporáneos de Thomas Bullock sugieren algo distinto. Fue una propuesta espontánea de Brigham Young, quien pidió a las hermanas y a los hombres (menores de 90 años) que hicieran un convenio formal de abstenerse.

Este evento presenta inconsistencias en los manuales actuales de la Iglesia:

  • Manual en inglés: Afirma que en 1851 se convirtió en mandamiento obligatorio.

  • Manual en español (2017): Indica que en 1851 fue un "convenio formal" y que el mandamiento real llegó por revelación a John Taylor en 1882.

Si la transición oficial fue en 1882, la afirmación de que Brigham Young la estableció como ley en 1851 queda en entredicho, planteando dudas sobre qué fecha es la históricamente vinculante bajo el principio del "común acuerdo".

¿Misericordia en el pasado, rigor en el presente?

Una explicación común para esta transición gradual es la "misericordia divina". El presidente Joseph F. Smith explicó en 1913 que el Señor dio tiempo a los santos para vencer sus hábitos antes de ponerlos "bajo el peso de la ley". Sin embargo, esto plantea una interrogante válida para el lector moderno: ¿Por qué a los investigadores actuales se les exige abstinencia total antes del bautismo, mientras que a los pioneros se les permitió décadas de adaptación?

Incluso en el siglo XIX, las sustancias eran menos adictivas que las versiones procesadas de hoy (con químicos y aditivos). Si Dios fue misericordioso con los santos de 1850, parece contradictorio que sea más estricto hoy con quienes enfrentan adicciones más complejas.

Una actitud de permisividad

Lejos de la vigilancia estricta que conocemos hoy, el siglo XIX estuvo marcado por la permisividad. En 1845, el Nauvoo Neighbor incluía té, café y alcohol en las listas oficiales de suministros para los pioneros. Más tarde, en Utah, el propio Brigham Young fomentó la producción local de licores y tabaco para evitar que el dinero saliera del territorio hacia comerciantes "gentiles".

Las citas de los líderes de la época refuerzan esta visión:

  • Brigham Young (1861): Se negó a hacer de la Palabra de Sabiduría una "prueba de fidelidad".

  • Heber C. Kimball (1859): Admitía abiertamente que gastaba grandes sumas en proveer café y té para su familia.

  • Orson Pratt (1855): Afirmaba que desobedecer este consejo no era un pecado tan grave como otros.

 De la cultura al convenio

Es evidente que durante casi todo el siglo XIX, la Palabra de Sabiduría fue tratada como un principio de salud opcional y un asunto de economía doméstica, más que una métrica de dignidad espiritual. No fue sino hasta 1919, bajo Heber J. Grant, que la observancia se convirtió en un requisito estricto para entrar al templo. Comprender esta evolución nos permite ver la historia de la Iglesia no como un bloque estático, sino como un proceso humano y gradual de adaptación a nuevas normas de santidad.

1919: El año en que el consejo se selló como ley

Si el siglo XIX fue la era de la "misericordia y la moderación", el siglo XX trajo consigo la era del cumplimiento estricto. El gran arquitecto de este cambio fue el presidente Heber J. Grant. Bajo su liderazgo, lo que antes era un ideal de salud se transformó en el requisito inamovible que conocemos hoy para entrar al templo.

Heber J. Grant y la cruzada personal

Para entender el giro de 1919, hay que entender al hombre. Heber J. Grant fue un defensor acérrimo de la abstinencia mucho antes de ser presidente de la Iglesia. Su determinación no solo era doctrinal, sino personal; creció en una época donde el alcoholismo causaba estragos sociales y veía la Palabra de Sabiduría como la solución definitiva a los males de la sociedad.

En 1919, el Presidente Grant fue inspirado y la Primera Presidencia bajo su mando tomó una decisión histórica: la observancia de la Palabra de Sabiduría dejaría de ser una "sugerencia para los santos fieles" y se convertiría en un requisito obligatorio para obtener la recomendación para el templo.

El contexto: La Ley Seca y el puritanismo americano

Este cambio no ocurrió en el vacío. 1919 fue el mismo año en que Estados Unidos ratificó la 18.ª Enmienda, iniciando la Ley Seca (Prohibición). El ambiente social en el país exigía una postura moral radical contra el alcohol.

Al alinear los estándares de la Iglesia con el movimiento de temperancia nacional, Grant logró dos cosas:

  1. Protección social: Blindar a la membresía contra los excesos del alcohol y el tabaco.

  2. Identidad distintiva: En un momento en que la poligamia ya no definía a los mormones (tras el Manifiesto de 1890), la Palabra de Sabiduría se convirtió en la nueva "frontera" que separaba a los santos del resto del mundo.

De la recomendación para el templo al bautismo

Aunque inicialmente el enfoque estaba en el acceso al templo, la norma se filtró rápidamente hacia abajo. Para la década de 1920, la política se estandarizó: si un miembro quería ser considerado "digno" en sus registros, debía abstenerse totalmente de:

  • Té y café.

  • Tabaco.

  • Bebidas alcohólicas.

Este estándar finalmente se extendió a los nuevos conversos. Lo que en 1851 era un "convenio para los que quisieran" y en 1860 algo que "no te hacía pecador", se convirtió en 1919 en la puerta de entrada al Reino de Dios.

Una paradoja histórica

Es fascinante notar que muchos de los líderes que hoy reverenciamos no habrían pasado una entrevista misional actual. Como vimos antes, Brigham Young producía licor y José Smith bebía vino ocasionalmente (incluso la noche en Carthage).

La pregunta que queda para el lector reflexivo es: ¿Es la Palabra de Sabiduría una ley eterna o una política administrativa que se adaptó a los tiempos? Si fue adaptada para proteger a los santos de las "conspiraciones de hombres malvados" en los últimos días, la rigidez con la que se aplica hoy —comparada con la paciencia que Dios tuvo con los pioneros— sigue siendo uno de los temas más debatidos por quienes estudian la historia de la Iglesia con honestidad.


¿Qué significa esto para nosotros?

Entender que la obligatoriedad de la sección 89 es una implementación del siglo XX no le quita valor a los beneficios de salud, pero sí nos da una perspectiva necesaria sobre la misericordia. Nos invita a preguntarnos si, en nuestro afán de cumplir la ley, hemos olvidado la paciencia que el Señor mostró durante más de 80 años hacia sus hijos antes de exigirles la perfección en este código.

Entre la letra de la ley y el espíritu de la paciencia

Al analizar el recorrido de la Palabra de Sabiduría, nos encontramos con una realidad innegable: la Iglesia que hoy conocemos es muy distinta a la de los pioneros. Hemos pasado de un Profeta que enviaba por tabaco para aliviar un malestar estomacal, a un sistema donde ese mismo acto impediría a un fiel entrar al templo o incluso bautizarse.

Este estudio nos deja tres reflexiones fundamentales:

  1. La interpretación frente al hecho: Las explicaciones "oficiales" que hoy leemos en los manuales —como la idea de que el Señor esperó 80 años por pura misericordia— suelen ser interpretaciones posteriores para armonizar el pasado con el presente. Sin embargo, los documentos contemporáneos muestran que para Brigham Young y sus sucesores del siglo XIX, la Sección 89 simplemente no era una prioridad doctrinal ni una medida de santidad.

  2. El peso del contexto: La transformación definitiva bajo Heber J. Grant en 1919 nos recuerda que las políticas de la Iglesia a menudo responden a las presiones de su tiempo. La Ley Seca en Estados Unidos y la necesidad de una nueva identidad mormona tras el fin de la poligamia elevaron la Palabra de Sabiduría a un estatus que el propio José Smith probablemente no previó.

  3. La paradoja de la justicia: Si Dios es "el mismo ayer, hoy y siempre", resulta difícil conciliar la extrema paciencia mostrada hacia los santos del siglo XIX con el rigor exigido a los investigadores del siglo XXI. ¿Por qué un pionero podía ser fiel mientras consumía café, pero a un investigador actual en Inglaterra o Latinoamérica se le niega el bautismo por el mismo hábito?

Al final, la historia de la Palabra de Sabiduría es un recordatorio de que la fe y las normas institucionales son entes vivos que cambian con el tiempo. Reconocer que este mandamiento fue una evolución gradual y administrativa, más que una imposición súbita y divina, no tiene por qué debilitar la fe, pero sí debe fortalecernos en la empatía hacia aquellos que hoy luchan por cumplir con un código que a los fundadores de la Iglesia les tomó casi un siglo adoptar por completo.

Tal vez, al mirar hacia atrás, podamos recuperar un poco de esa "misericordia del siglo XIX" para aplicarla en nuestro juicio hacia los demás en el siglo XXI.

Conclusión: 

"Desde la perspectiva de la fe, la evolución de la Palabra de Sabiduría muestra a un Dios que es pedagogo. Así como un padre no exige a su hijo pequeño la misma disciplina que a un adulto, el Señor permitió que los santos de la era pionera aprendieran el principio de moderación antes de exigirles la ley completa de abstinencia.

El cambio bajo el presidente Heber J. Grant no fue una ruptura con el pasado, sino el cumplimiento de la visión del Profeta José Smith: preparar un pueblo que fuera 'puro' y 'distinto' de un mundo donde las adicciones se volverían cada vez más sofisticadas y destructivas. Lo que comenzó como un consejo de salud en 1833 se convirtió, por revelación continua, en un escudo protector para los miembros del siglo XX y XXI."

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