Arrepentirse y Perdonar dos caras de una misma moneda
Por Richard Rosado
¿Alguna vez has sentido que el peso de un error propio te hunde, o que el fuego de una ofensa ajena te consume por dentro? En el Evangelio, a menudo vemos el arrepentimiento y el perdón como actos aislados, pero en realidad son las dos caras de una misma moneda divina. Sin una, la otra pierde su valor. Mientras que arrepentirse nos devuelve la paz con Dios, perdonar nos devuelve la paz con nosotros mismos.
Pero, ¿por qué es tan difícil? ¿Y por qué el Señor es tan enfático en que debemos perdonar a todos, incluso cuando la justicia parece no haberse cumplido? Exploremos las profundidades de estos dos procesos y descubramos por qué la visión limitada de nuestros ojos mortales es la razón principal para confiar el juicio al Único que puede verlo todo.
En el Evangelio, el arrepentimiento no es un castigo, sino un proceso de sanación. Sin embargo, este proceso tiene dos dimensiones: el esfuerzo individual por cambiar (arrepentirse) y la obligación cristiana de liberar a otros (perdonar).
¿Qué es Arrepentirse?
Más que una definición de diccionario, arrepentirse es un verbo de acción que implica un giro total del alma hacia Dios. No es solo "sentirse mal", es "llegar a ser".
El arrepentimiento no es una lista de verificación, es un cambio de estado. Según la doctrina de la Iglesia, estos pasos nos ayudan a comprender el proceso:
Reconocimiento y Sincero Dolor: No es solo admitir el error, es sentir lo que el Élder Andersen llama "dolor según Dios". Es reconocer que nuestra acción ha herido nuestro espíritu y nuestra relación con el Padre.
Abandono del Pecado: El arrepentimiento real se nota en la repetición... o la falta de ella. Es un compromiso de no volver a transitar ese camino.
Confesión: Dependiendo de la gravedad, esto incluye al Padre Celestial y, en casos necesarios, a los líderes del sacerdocio (el Obispo) para recibir ayuda en el proceso de sanación.
Restitución: Siempre que sea posible, debemos reparar el daño causado. Si rompimos algo, lo arreglamos; si dañamos una reputación, intentamos restaurarla.
Vivir los Mandamientos: El paso final es sustituir el viejo hábito por un nuevo servicio a Dios.
Perspectiva de las Autoridades Generales
El Presidente Russell M. Nelson: Él ha enseñado que la palabra griega para arrepentimiento es metanoeo. El prefijo meta- significa "cambio" y -noeo se relaciona con la mente, el conocimiento y el espíritu.
"Así, cuando Jesús nos pide a ustedes y a mí que nos ‘arrepintamos’, nos está invitando a cambiar nuestra mente, nuestro conocimiento, nuestro espíritu, incluso la forma en que respiramos... a cambiar la forma en que amamos, pensamos, servimos, invertimos nuestro tiempo y tratamos a nuestras esposas".
Aplicación: Arrepentirse es una enmienda de vida. Es el proceso diario de alinear nuestra voluntad con la de Jesucristo.
El Élder Neil L. Andersen: En su libro El Don Divino del Arrepentimiento, explica que el arrepentimiento no es el "Plan B" por si fallamos, sino el "Plan A" para progresar.
"El arrepentimiento no es un castigo por el pecado, sino el camino hacia la liberación y la paz".
Aplicación: Arrepentirse requiere el "dolor según Dios", que no es una culpa que nos hunde, sino un pesar que nos impulsa a la acción y a la restitución.
El Élder Dieter F. Uchtdorf: Ha enfatizado que el arrepentimiento es el proceso de aprender de nuestros errores sin ser definidos por ellos.
"El verdadero arrepentimiento nos devuelve a lo que es correcto. Para arrepentirse de verdad, debemos reconocer que el camino en el que estamos es el equivocado y decidirnos por el camino de Dios".
Aplicación: Arrepentirse es un ejercicio de honestidad radical con uno mismo y con el Padre Celestial.
¿Qué es Perdonar?
El Señor ha dicho: "Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres" (D. y C. 64:10). Esta es, quizás, la cara más difícil de la moneda.
Perdonar es a menudo más difícil porque requiere que sanemos una herida que nosotros no causamos.
Reconocer la Herida: No podemos perdonar lo que pretendemos que no dolió. El primer paso es ser honestos con Dios sobre nuestro dolor.
Orar por el Ofensor: El Salvador enseñó: "Orad por los que os ultrajan". No significa que aprobemos su conducta, sino que pedimos a Dios que nos ayude a verlos como Él los ve.
Separar el Juicio de la Justicia: Perdonar es dejar que Dios se encargue de la justicia. Nosotros soltamos la carga del juicio para que nuestras manos estén libres para sanar.
Buscar la Ayuda del Salvador: A veces el dolor es tan grande que no podemos perdonar solos. Necesitamos que la Gracia de Cristo fluya a través de nosotros para lograrlo.
Perspectiva de las Autoridades Generales
El Élder David E. Sorensen: Aborda la dificultad de perdonar cuando la herida es profunda, aclarando que perdonar no significa aceptar el abuso.
"Aunque debemos perdonar a un prójimo que nos daña, debemos trabajar constructivamente para evitar que ese daño se repita... El perdón no requiere que aceptemos o toleremos el mal".
Aplicación: Perdonar es soltar el veneno. Al carecer de la capacidad de ver el corazón, el juicio le pertenece a Dios. Perdonar nos libera a nosotros del papel de jueces.
El Presidente James E. Faust: Enseñó que el perdón es el "ingrediente vital" para nuestra propia paz.
"Si podemos hallar el perdón en nuestro corazón por los que nos han causado daño y dolor, nos elevaremos a un nivel más alto de autoestima y bienestar".
Aplicación: Perdonar es un acto de fe en la Justicia Divina. Confiamos tanto en Dios que le dejamos a Él la tarea de equilibrar la balanza.
El Élder Jeffrey R. Holland: Ha hablado sobre la sanación que viene cuando dejamos de ser prisioneros del pasado.
"No se nos pide que amemos el pecado, pero se nos pide que perdonemos al pecador... Cuando un cristal se rompe, se intenta reparar, no se usan los trozos para cortar a los demás".
Aplicación: Perdonar es reconocer nuestra propia necesidad de misericordia. No podemos pedir el perdón, si nos negamos a dar el perdón.
¿Cuál es la cara más difícil?
Arrepentirse requiere vencer el orgullo y reconocer la debilidad propia. Es una lucha contra el hombre natural.
Perdonar requiere vencer el resentimiento y renunciar al deseo de justicia inmediata. Es una lucha contra el dolor herido.
La literatura de la Iglesia sugiere que perdonar a otros es un requisito para que nuestro propio arrepentimiento sea válido. Como dice el Padre Nuestro: "Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores". Si el corazón está "lejos de Dios" porque guarda rencor, el proceso de arrepentimiento personal se bloquea.
¿Por qué Dios perdona a "quien quiere" y nosotros a "todos"?
Doctrina y Convenios 64:10
"Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres".
Esta escritura establece una distinción clara entre la jurisdicción de la criatura y la del Creador. nuestra perspectiva limitada es la clave doctrinal aquí:
La Limitación Humana (La Vista de Hormiga): Nosotros solo vemos el "aquí y el ahora". Vemos la ofensa, el dolor que nos causó y la falta de disculpa. No vemos el pasado del ofensor, sus traumas, sus debilidades genéticas, su nivel de entendimiento o su lucha interna. Debido a que nuestra visión tiene puntos ciegos, nuestro juicio siempre será incompleto y, por lo tanto, injusto.
La Omnisciencia Divina (La Vista de Águila): El Señor puede decir "perdonaré a quien yo quiera" porque Él es el único con la información completa. Él conoce la intención del corazón. Él sabe si hubo malicia real o ignorancia. Su juicio es perfecto porque incluye la misericordia perfecta y la justicia perfecta.
Al pedirnos perdonar a todos, Dios no nos está pidiendo que ignoremos el mal, sino que reconozcamos nuestra incapacidad de ser jueces justos. Al perdonar a todos, le entregamos el caso al Juez Supremo. Nosotros nos quedamos con la paz, y Él se queda con la responsabilidad de equilibrar la balanza.
Conclusión
Arrepentirse y perdonar son las dos manos de la Expiación de Jesucristo. Con una mano, Cristo nos levanta de nuestras caídas; con la otra, nos ayuda a levantar a quienes nos hicieron caer. No podemos estar plenamente con Él si soltamos cualquiera de las dos manos.


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