El Templo, su verdadero propósito: Revertir la Caída y Regresar a la Presencia Divina
Por Richard Rosado
¿Sabías que el primer templo en la Tierra fue, en realidad, el Jardín del Edén? Esta afirmación puede sonar sorprendente, pero al profundizar en las escrituras, descubrimos que todos los templos construidos desde la Caída han tomado inspiración de aquel jardín primordial. Como señaló un erudito SUD, "El Jardín del Edén... sirvió como prototipo, patrón y creador de los templos israelitas posteriores". Y, como veremos, existe una profunda razón para esta repetición de patrones.
El Viaje Inverso: Adán y el Sumo Sacerdote
Cuando estudiamos el Tabernáculo en los días de Moisés, una de las revelaciones más impactantes es la similitud y a la vez la inversión del viaje de Adán. Adán descendió de la presencia de Dios en el mundo celestial (preexistencia), a un mundo terrestre (Jardín del Edén), y finalmente, a un mundo telestial (aquí en la Tierra). En contraste, la ceremonia del Tabernáculo, particularmente el viaje del Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación, representa un viaje en dirección opuesta: desde el patio exterior (mundo telestial), al Lugar Santo (terrestre), y finalmente al Lugar Santísimo (celestial).
Este es el propósito fundamental de los templos: enseñarnos cómo podemos revertir la caída y regresar a la presencia de Dios. Un examen más detenido del Tabernáculo nos revela aún más detalles sobre cómo se logra esta inversión.
La Dirección del Viaje: Volviendo sobre Nuestros Pasos
"Cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, fueron expulsados del Edén en dirección al este."
Curiosamente, el Tabernáculo siempre se erigió con su entrada orientada hacia el este. Esto significaba que cuando el Sumo Sacerdote entraba desde el patio exterior, lo hacía viajando hacia el oeste, la dirección opuesta a la que viajó Adán, volviendo simbólicamente sobre sus pasos.
Hugh Nibley, un reconocido erudito, afirmó que después de la expulsión de Adán del jardín, "vino un ángel y comenzó a enseñarle lo que debía hacer para revertir su condición de inmediato y comenzar su regreso a la presencia del Padre". Si los israelitas iban a revertir simbólicamente la caída de Adán, era natural que comenzaran su viaje donde el viaje de Adán terminó.
Sacrificios en el altar: Así como Adán ofreció sacrificios en un altar al llegar al mundo telestial (Moisés 5:6), el Sumo Sacerdote también ofrecía sacrificios en un altar antes de dejar el mundo telestial (el patio exterior) (Levítico 16:6-11). Como se declara en 1 Nefi 13:42: "Y los postreros serán primeros, y los primeros serán postreros."
Vestiduras sagradas: Antes de salir del mundo telestial, el Sumo Sacerdote debía vestirse con una "túnica de lino sagrado" (Levítico 16:4). Esto nos remite a la penúltima experiencia de Adán, quien fue vestido con túnicas de pieles al ser expulsado del jardín hacia el mundo telestial. Estas vestiduras no solo simbolizaban pureza, sino también la necesidad de una cobertura divina para el regreso.
La fuente de agua: Después de vestirse y realizar los sacrificios, el Sumo Sacerdote pasaba por una fuente de agua en su camino hacia el Lugar Santo (mundo terrestre). Este cuerpo de agua hace referencia al río que brotó del Edén (Moisés 3:10-14), el mismo que Adán pudo haber cruzado al salir del mundo terrestre. El agua, en este contexto, simboliza purificación y el paso a una nueva etapa.
La Menorá y los árboles: Al entrar al Lugar Santo (mundo terrestre), el Sumo Sacerdote se encontraba con la Menorá, un candelabro de oro de siete brazos con hojas talladas, reproduciendo un árbol (Éxodo 25:31-40). Esto nos recuerda los dos árboles cruciales por los que Adán habría pasado al salir de su mundo terrestre: el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. La luz de la Menorá era la única fuente de iluminación en este espacio, simbolizando la guía divina en un mundo caído.
La mesa de los panes de la proposición: En el Lugar Santo, frente a la Menorá, se encontraba la mesa de los panes de la proposición. Este pan, siempre fresco, quizás representaba el fruto del que Adán comió y que le llevó a su expulsión del jardín, o quizás, más profundamente, el alimento espiritual necesario para el viaje de regreso.
El velo y los querubines: Para completar la inversión de la caída, el Sumo Sacerdote debía entrar en el Lugar Santísimo (mundo celestial) a través de un velo. Este velo estaba adornado con querubines bordados (Éxodo 26:31), los mismos ángeles que fueron puestos para guardar el árbol de la vida en el Jardín del Edén (Moisés 4:31). La presencia de los querubines indicaba la santidad y la barrera protectora que separaba la presencia de Dios de un mundo caído.
El altar del incienso y la espada flamígera: Frente al velo, había un pequeño altar donde se quemaba incienso con brasas tomadas del fuego del patio exterior (Levítico 16:12-13). Esto puede ser una referencia a la espada de fuego que también custodiaba el camino hacia el árbol de la vida (Moisés 4:31). El incienso ascendente representaba las oraciones que debían subir a Dios para que se abriera el camino.
El pectoral del juicio y las joyas del Edén: Al entrar en el Lugar Santísimo, el Sumo Sacerdote vestía una coraza con doce grandes joyas. Es notable que algunas de estas piedras se mencionan por su nombre como halladas en el Jardín del Edén (Moisés 3:12). Ezequiel nos enseña que estas joyas representaban la luz que cubría a las personas en el Jardín del Edén (Ezequiel 28:13-14), una luz que Adán perdió con la transgresión. Al llevar estas piedras al Lugar Santísimo, el Sumo Sacerdote revertía los efectos de la caída, recuperando la luz y la gloria perdidas.
El Arca del Pacto y el Propiciatorio: Finalmente, en el Lugar Santísimo, se encontraba el Arca del Pacto, cubierta por una tapa dorada conocida como el Propiciatorio (Éxodo 25:21). Este propiciatorio representa el trono de Dios. El viaje de Adán comenzó en la presencia de Dios, y el viaje de nuestro Sumo Sacerdote termina allí, reafirmando que "los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos" (1 Nefi 13:42).
De esta manera, el Sumo Sacerdote representa el viaje de Adán a la inversa, invirtiendo simbólicamente la caída. Y lo más profundo de todo es que el Sumo Sacerdote es una prefiguración de Jesús, quien en las Escrituras es llamado "el postrer Adán" (1 Corintios 15:45). El primer Adán nos trajo a este mundo telestial a través de la caída, y el último Adán revertirá la caída mediante Su Expiación.
Simbolismos de Cristo en el Tabernáculo
El Sumo Sacerdote no es la única figura o elemento que prefigura a Cristo en el Tabernáculo. Cada detalle fue cuidadosamente diseñado para enseñarnos sobre el Salvador. De hecho, durante su ministerio terrenal, Jesús afirmó representar la mayoría de los elementos que componen el Tabernáculo.
El Altar: El animal sacrificado en el altar es el tipo más evidente de Cristo, el "Cordero de Dios". "El altar estaba en una elevación para presagiar la expiación del Cordero de Dios." La sangre del animal, untada en las cuatro esquinas del altar (Éxodo 29:1-12), representa la sangre de Cristo que se extiende a los cuatro confines de la tierra, cubriendo y redimiendo a toda la humanidad.
El Agua (Fuente): La fuente de agua representa el "agua viva", que es Cristo mismo, ofrecida a la mujer en el pozo de Samaria (Juan 4:10-14). Simboliza la purificación, el renacimiento espiritual y la vida eterna que solo Él puede dar.
La Menorá: Como ya mencionamos, la Menorá representa el Árbol de la Vida. En la visión de Lehi, aprendemos que el Árbol de la Vida simboliza a Jesús y su fruto, Su Expiación (1 Nefi 11:21-25). Jesús afirmó ser este mismo árbol al decir: "Yo soy la vid" (Juan 15:5). Al ser la única fuente de luz en el Tabernáculo, Jesús también dijo: "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12), iluminando el camino de regreso al Padre.
El Pan (Mesa de los Panes de la Proposición): Jesús se proclamó "el pan de vida" (Juan 6:35), el sustento espiritual esencial para nuestra alma. El pan continuo sobre la mesa representa la nutrición constante que Él ofrece.
El Altar del Incienso: El incienso quemado en este altar, cuyo humo ascendía al cielo, representa las oraciones de los justos (Apocalipsis 8:4, Salmos 141:2). Al orar al Padre en el nombre de Cristo, Él actúa como nuestro "mediador entre Dios y los hombres" (1 Timoteo 2:5).
El Velo: El velo que separa el Lugar Santo del Lugar Santísimo es Cristo mismo, como Él dijo: "Yo soy la puerta" (Juan 10:9). Pablo enseñó que el velo representaba "su carne" (Hebreos 10:19-20), significando que solo a través de Su sacrificio y por Su medio podemos tener acceso directo al Padre.
El Sumo Sacerdote: Además de ser un tipo de Cristo, las doce joyas en su pectoral, grabadas con los nombres de las tribus de Israel (Éxodo 28:15-21, 29), simbolizaban que Cristo lleva a la Casa de Israel consigo al reino celestial. Esta imagen se refuerza con la declaración de Jesús en Doctrina y Convenios 101:3: "serán míos el día en que vendré para integrar mis joyas." Las dos piedras de ónice negro sobre sus hombros, también con los nombres de las doce tribus (Éxodo 28:9-12), con el negro y el número seis simbolizando el pecado, ilustran que el Sumo Sacerdote (Cristo) cargó con los pecados de Israel sobre sus hombros, así como Él cargó con la cruz y los pecados del mundo.
El Propiciatorio: La tapa dorada del Arca del Pacto, que contenía los Diez Mandamientos, es crucial. La palabra hebrea para expiación, Kippur, significa "cubrir". Así como el propiciatorio cubrió los pactos rotos de Israel (representados por las tablas de la ley), la Expiación de Cristo "cubre" o expía nuestros pactos quebrantados, ofreciendo redención y misericordia.
Ungido: Cada elemento del Tabernáculo fue "ungido" con aceite antes de su uso (Éxodo 40:9-15). La palabra "Cristo" significa "ungido". Por lo tanto, al ungir la menorá, el altar, la fuente y al Sumo Sacerdote, se les estaba, literalmente, "cristificando", transformándolos en símbolos y recordatorios del Mesías que vendría.
El Tabernáculo mismo: El Tabernáculo en su conjunto era un símbolo de Cristo, el lugar de encuentro entre Dios y el hombre. Las paredes exteriores de lino blanco (símbolo de justicia) eran sencillas, reflejando la apariencia humilde de Jesús durante su ministerio terrenal (Isaías 43:2). El interior, sin embargo, era rico en colores: rojo (mortalidad y expiación), azul (celestialidad y divinidad), y púrpura (realeza). La mezcla del azul (Dios Padre) y el rojo (María mortal) produce el púrpura, el color de Cristo, el "Rey de reyes" (Apocalipsis 17:14), uniendo Su naturaleza divina y mortal.
La Doctrina de Cristo y el Templo
Para concluir, consideremos cómo el profeta Nefi compara la doctrina de Cristo con este viaje en el Tabernáculo, encapsulando la esencia del propósito del templo (2 Nefi 31:17-20):
"La puerta por la cual debéis entrar": Comparado con la entrada por la puerta del Tabernáculo, el bautismo y la recepción del Espíritu Santo son el punto de partida en la senda del convenio.
"Seguir adelante con firmeza en Cristo": Similar a entrar en el Lugar Santo, este camino implica un progreso constante.
"Un fulgor perfecto de esperanza": La luz de la Menorá en el Lugar Santo representa la esperanza y la guía que Cristo nos ofrece.
"Deleitándonos en la palabra de Cristo": La mesa de los panes de la proposición en el Lugar Santo simboliza la alimentación espiritual que obtenemos al estudiar y vivir Sus enseñanzas.
"Tendrás vida eterna": Esto se compara con el privilegio de entrar en el Lugar Santísimo, regresando a la presencia de Dios y obteniendo la exaltación.
Asistir al templo nos permite aprender y participar de estas verdades eternas. Es en estos espacios sagrados donde se nos enseña cómo se revierten los efectos de la Caída y cómo, a través de nuestro Salvador y Su infinita Expiación, podemos finalmente regresar a la presencia de Dios. El templo es, en esencia, un mapa viviente hacia la vida eterna.







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