Ministrar los Emblemas Sagrados: Recuperando la Solemnidad de la Santa Cena
Por Richard Rosado
La reunión sacramental es el eje central de nuestra adoración semanal. Es mucho más que una pausa en nuestro horario dominical; es el momento en que el cielo y la tierra se encuentran. Sin embargo, corremos el riesgo de que esta ordenanza se convierta en un acto cultural en lugar de una experiencia espiritual. Como advirtió el Élder Jeffrey R. Holland: “No venimos a la Santa Cena para almorzar; venimos para testificar ante Dios que recordamos a Su Hijo”.
La Doctrina del Convenio
El propósito de la Santa Cena no es solo recordar, sino renovar. El Presidente Dallin H. Oaks ha enseñado que la Santa Cena es el momento en que calificamos nuevamente para la remisión de nuestros pecados, permitiendo que el efecto purificador del bautismo se mantenga vigente en nuestra vida.
"Se nos manda arrepentirnos de nuestros pecados y venir al Señor con el corazón quebrantado y el espíritu contrito, y participar de la Santa Cena... Al renovar nuestros convenios bautisales de esta manera, el Señor renueva el efecto purificador de nuestro bautismo" — Presidente Dallin H. Oaks.
El Rol de quien Dirige: Preparando el Terreno Sagrado
La solemnidad de la ordenanza comienza mucho antes de que el pan sea partido. El oficial que dirige la reunión tiene la responsabilidad sagrada de invitar al Espíritu a través de sus palabras de introducción.
En lugar de ver la Santa Cena como un punto más en la agenda, quien dirige puede elevar el momento utilizando frases que enfoquen a la congregación, tales como:
“Estamos por entrar en la parte más solemne de nuestra reunión”.
“A continuación, participaremos de las ordenanzas de la Santa Cena”.
Incluso puede extender un llamado directo a la reverencia: “Rogamos que vuestros pensamientos estén dirigidos al Salvador y Su sacrificio expiatorio mientras se reparten los emblemas”. Estas palabras actúan como una señal espiritual, ayudando a los miembros a desconectarse del mundo exterior y recordar la importancia y la majestad de lo que está por suceder.
El Oficio y la Preparación
Aquellos que poseen el Sacerdocio de Aarón y preparan o bendicen los emblemas actúan en nombre del Salvador. No es un simple turno en una lista; es un servicio sagrado.
La advertencia de Alma: Como se menciona en Alma 60:23, el interior del vaso debe estar limpio. No se puede ofrecer lo sagrado con manos o corazones que no han buscado el arrepentimiento previo.
El impacto visual: El porte y la pulcritud de los poseedores del sacerdocio evidencian su rectitud y respeto sobre cuánto valoran el convenio.
La Oración Sacramental: Un Acto de Reverencia
La oración de la Santa Cena no es una carrera. Es un declaracion espiritual ante los ángeles y la congregación.
Pausada y Solemne: Los presbíteros deben pronunciar cada palabra con claridad. Si se lee de forma apresurada, se transmite el mensaje de que el acto es un trámite y no una comunicación con el Padre Eterno. Si no hay micrófono deben pronunciar las palabras en voz alta y clara.
La Postura: La rectitud física refleja la rectitud espiritual. deben tener una actitud seria y de respeto a lo sagrado.
El actuar: mientras estan en la mesa sacramental deben guardar reverencia, su actitud debe ser seria, evitar conversar o hacer bromas.
3. El Santuario del Pensamiento
¿Dónde está nuestra mente mientras se reparten el pan y el agua?
Desconexión Digital: El celular es el mayor enemigo de la revelación en la capilla. Guardarlo es un acto de respeto hacia el sacrificio de Cristo.
Meditación Activa: No es solo un momento de silencio, es un momento de comunión. Debemos repasar mentalmente las escenas del Getsemaní y el Calvario, permitiendo que la gratitud llene el espacio que usualmente ocupan las distracciones.
Profundizando en los Emblemas y Convenios
Para finalizar este análisis, respondemos a las dos preguntas fundamentales que definen nuestra participación:
¿Qué representan el pan y el agua para nosotros?
El Pan: Representa el cuerpo físico de Jesucristo, el cual fue "quebrantado" por nosotros. Nos recuerda Su Resurrección literal y el hecho de que Él tomó sobre Sí nuestras dolencias físicas y debilidades. Al comerlo, testificamos que aceptamos Su sacrificio carnal.
El Agua: Representa la sangre vertida en el Jardín de Getsemaní y en la Cruz. La sangre es el símbolo de la vida y de la expiación por el pecado. El agua simboliza la purificación de nuestras almas; así como el agua limpia el cuerpo, la sangre de Cristo limpia el espíritu.
¿Qué son exactamente los convenios que hemos hecho?
Al participar de la Santa Cena, reafirmamos tres promesas específicas que hicimos al bautizarnos:
Tomar sobre nosotros Su nombre: Significa que estamos dispuestos a ser Sus representantes, a defender Su causa y a ser contados como Sus discípulos en todo lugar.
Recordarle siempre: Es el compromiso de no dejar que el mundo nuble nuestra visión de Él. Significa que nuestras decisiones diarias estarán filtradas por Su ejemplo.
Guardar Sus mandamientos: Es la promesa de obediencia activa, no por obligación, sino por amor.
La Promesa de Dios: A cambio, Él nos hace una promesa asombrosa y vital: "Que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros". Sin el Espíritu, perdemos el norte; con Él, tenemos una brújula constante en un mundo confuso.
Para ampliar un poco más repasemos el convenio en Mosíah 18:8–10
Para entender la Santa Cena, debemos volver a la raíz: nuestro bautismo. En el Libro de Mormón, el profeta Alma describe las disposiciones del convenio de una manera hermosa y práctica.
Nuestra parte del convenio (Lo que prometemos hacer):
Sentir empatía y caridad: "Deseáis entrar en el redil de Dios... y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras". No es solo una relación individual con Dios, sino un compromiso de servicio hacia nuestro prójimo.
Ser consuelo para el necesitado: "Dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo". Esto requiere que estemos atentos a quienes nos rodean en la congregación.
Ser testigos en todo momento: "Ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte". Aquí es donde entra el punto de dejar el celular y mantener la postura; somos Sus testigos incluso en los detalles más pequeños.
Servirle y guardar Sus mandamientos: Como una expresión externa de nuestro cambio de corazón.
La parte del Señor (Lo que Él nos promete):
Redención: "Para que seáis redimidos por Dios".
Primera Resurrección: "Y seáis contados con los de la primera resurrección".
Vida Eterna: "Para que tengáis vida eterna".
El Don del Espíritu: "Él derrame su Espíritu más abundantemente sobre vosotros".
Hermanos y amigos, no permitamos que la Santa Cena se convierta en una "tradición de los padres". Acerquémonos a la mesa del Señor con el asombro de la primera vez y la urgencia de quien sabe que necesita desesperadamente de Su gracia.
El Poder Transformador de la Santa Cena
No podemos permitir que la frecuencia de esta ordenanza disminuya su importancia en nuestra alma. Como enseñó el Presidente Russell M. Nelson:
"La Santa Cena es la oportunidad de arrepentirnos y de ser limpiados. Es el momento de comprometernos de nuevo a ser mejores hoy de lo que fuimos ayer".
Si sentimos que nuestra vida espiritual se ha vuelto "plana" o rutinaria, el remedio se encuentra en la bandeja del pan y el agua. Al participar con la solemnidad que el acto merece, no solo cumplimos con una reunión dominical, sino que salimos de la capilla investidos de un poder real para enfrentar las tentaciones de la semana.
Una advertencia solemne
El Señor ha dicho: "El que come mi carne y bebe mi sangre indignamente, come y bebe condenación para su alma". Esta no es una frase para infundir miedo, sino para infundir respeto. La invitación es a la introspección. No necesitamos ser perfectos para participar, pero sí debemos ser penitentes. El arrepentimiento sincero es el pase de entrada a la mesa del Señor.
Hagamos de este próximo domingo una experiencia diferente. Dejemos que el silencio de la capilla nos hable y que los emblemas nos sanen. Al final del día, nuestra relación con Dios se mide por la seriedad con la que tomamos Sus convenios.
"Esta semana, mientras se repartan los emblemas, ¿en qué atributo específico de Cristo vas a meditar?"




Comentarios
Publicar un comentario